Hoy vi a una madre gritarle a su hijo. Eso me transportó a mi infancia. No cómo un mal recuerdo, sino como una nostalgia del niño que ya no soy, y los padres que ya no son. Mis padres son diferentes conmigo ahora, porque soy un adulto, porque yo soy diferente. Me aman, lo sé porque lo siento, y me aman diferente, lo sé porque lo vivo.
No es menos amor, ni menos compromiso, solo es diferente, porque ellos son diferentes y porque yo lo soy también, porque yo también los amo, pero los amo diferente, a que cuando niño un día los amé. Porque de niño me curaban la rodilla cuando me lastimaba, y hoy me sanan las heridas que otras situaciones me ocasionan, no son daños físicos, sino sanaciones en mi alma.
Y mis padres me criaron con lo mucho y poco que sabían. Porque crecí y aprendí, que mis padres no son más que niños grandes, que tuvieron que crecer y actuar diferente porque ahora ellos tuvieron niños pequeños que cuidar. Porque ellos se divierten, juegan y sonríen, ambos lloran, se sienten tristes, se preocupan y tienen miedo.
A veces los cuestiono y pienso diferente que ellos, a veces también actúo diferente y no siempre hago caso a sus consejos y enseñanzas. Eso es parte de crecer y es parte de la vida, madurar y caer, con o sin su compañía. Pero están ahí, cuando me acuerdo, cuando pienso, cuando respiro y cuando veo. Están ahí cuando escucho sus voces en mi mente.
Hoy vi una madre gritarle a su hijo, y eso me transportó a mi infancia. Algún día ese niño crecerá, así como crecí, y así como crecimos los demás. Recuerda a tus padres, recuérdalos, están aquí contigo, ahora mientras lees, salúdalos.
— David Uscanga

Comentarios
Publicar un comentario